Había una vez una unidad habitacional en una colonia muy bonita al sur de la ciudad, ese tipo de lugares son muy tranquilos porque la gran mayoría de los vecinos son de la tercera edad con sus hijos lejos de casa solo están ellos y probablemente sus perros.

Araceli recién había llegado a esa unidad habitacional, se mudó porque estaba cerca de la casa de su hermana, ella vivía en el tercer piso, las escaleras no se le hacían pesadas y le encantaba lo tranquila que era la zona. Su vecina de enfrente se llamaba Regina, era una señora ya muy vieja, siempre la saludaba y la ayudaba cada que podía, se veía demasiado débil pero esa era su percepción.

Estaba muy feliz con mi decisión además los vecinos parecían agradables pronto descubrí que la señora Regina también estaba sorda, al vivir enfrente de mi departamento cuando alguien iba a visitarla tenían que tocar la puerta muy fuerte acompañado del grito: ¡Señora REGINA! Las vecinas cuidaban de ella tocándole diario porque al parecer alguna vez un vecino se murió y no supieron hasta después de dos días.

Se notaba que la querían mucho, me incomodaba un poco toparme con ella porque quería hacerme plática pero por fortuna siempre había otra vecina dispuesta a hablar con ella diciéndome : “No te preocupes querida, no se te vaya a hacer tarde” le tomaba la palabra  y me iba.

Algunas veces la veía a lo lejos en la fila de las tortillas así que caminaba lo más lento que podía… ya sé soy una horrible persona pero apuesto a que tú también lo has hecho con alguien, no me juzgues.

Un día iba caminando y vi una credencial tirada, la recogí para mi sorpresa era de la señora Regina, una especie de credencial de discapacidad que contenía sus datos. Aunque no quisiera interactuar con ella no podía dejar esto pasar, se ve que era un documento importante, lo guardé en mi bolsillo y en cuanto llegara a la casa le iría a tocar.

Cerré la puerta del departamento y  me paré nerviosa enfrente de su puerta esperando que ningún vecino llegara para que no me viera en esa vergonzosa situación. Alcé la mano y la vecina del piso de abajo me saludo, casi de inmediato se fijó en mi pose.

-Ay cariño, ahorita no está. ¿Quieres que se la pase yo?

Algo no me dio confianza, tal vez fue que la sentí muy tensa en ese momento

-No se preocupe, al rato vuelvo a pasar, gracias

Y me fui a refugiar a mi departamento no sin antes pegarme al ojillo de la puerta para ver que hacía. Sonrió y bajó las escaleras, no había captado pero ¿Qué hacía la señora del 2° piso arriba y sobretodo no tenía nada que hacer, subió únicamente para detenerme? No sabía si las historias de ciencia ficción estaban dando frutos o en verdad algo raro estaba pasando.

Me preparé un té para calmar los nervios y me puse a limpiar la casa de la pura ansiedad, algunos momentos lo dejaba pero otras lo retomaba cuando volví a ver el reloj vi que habían pasado apenas 45 minutos. Pensé que era buen momento de intentar esperando esta vez que ningún vecino interrumpiera.

Abrí la puerta y di un paso afuera, en ese momento escuché como se cerró una puerta en el edificio seguido del sonido de alguien subiendo las escaleras otra vez sin saber si era paranoia o una horrible casualidad, regresé a mi departamento sin querer estaba probando una teoría.

Se escuchó el sonido de mi puerta cerrar seguido de la otra puerta. ¿Me estaban monitoreando? Me asusté mucho ¿Cómo lo sabían? ¿Estaban pendientes? Además ese día que yo recordara no había visto a la señora Regina… ¿Estaría bien? Demasiadas dudas y variables en mi mente.

Era ahora o nunca. Tomé aire y salí rápido de mi departamento sin cerrar la puerta, le toqué fuerte en la puerta y gritando con el pretexto de que no escuchaba aunque era más tensión en mi voz que verdadera necesidad ¡SEÑORA REGINA! ¡SEÑORA REGINA! El departamento se silenció, los movimientos tenían sonidos y podía escuchar  a muchísima gente ahí que dudaba severamente que fuera la Señora Regina.

Escuché pasos caminando hacia la puerta pero me asusté así que da un paso para atrás con precaución y lo más alerta posible, la cerradura se abría y se asomó la señora Regina por un pequeño hueco que dejó en la puerta.

-Hola ¿Qué puedo hacer por ti?

-Solo quería saber… y en eso noté que sus ojos estaban demasiado oscuros y su sonrisa era falsa, no sabría cómo describir eso pero son cosas que podemos notar a lo que cambié la frase.

-Ehm… ¿Está usted bien?

Se tardó unos segundos en responder como si no hubiera entendido la pregunta

-Sí ¿En qué te puedo ayudar?

De un golpe abrí la puerta y no podía dar crédito a lo que veía había un sillón y varias personas, logré ver herramientas incluso unos flejes tirados… todo se quedó en silencio, mi cerebro no podía procesar que parte de la piel de la Señora Regina estaba en el librero y lo que yo veía estaba lleno de cables.

El temple de los vecinos cambió radicalmente, entre dos personas me metieron al cuarto, no recuerdo nada más, no me siento yo, solo escucho como golpean la puerta a lo lejos.

Fuentes: YouTube , APLEMSA , PlayGround 

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Facebook
Google+
http://www.synetcom.com.mx/uncategorized/los-vecinos
Twitter
Pinterest
Instagram